Agua: Una Verdad incómoda: Francisco José Contardo, Director Ejecutivo ComunicAgro

Ante el déficit hídrico en gran parte de Chile, hay grupos que exigen soluciones y buscan responsables. “El agua es de todos, se la están robando”, son argumentos que se emiten con frecuencia. Y se reclama por falta de soluciones prontas y sustentables. Pero lo cierto, es que, si un agricultor tecnifica, pone sensores y mide hasta la última gota, los vecinos más pequeños que vean aquel campo verde y productivo, lo acusarán posiblemente de quitarles el agua, aunque ellos rieguen por tendido (mucho más ineficiente y con mayor pérdida del recurso). “Seguro es deshonesto”, dirán. 

Si el Estado, por su parte, impulsa los embalses necesarios, se dirá que no es sostenible con el entorno, el ecosistema y la cultura y cosmovisión de las comunidades que habitan las zonas a inundar. Si el estado y organizaciones de usuarios de agua invierten entonces en revestir canales para evitar pérdidas por filtración de agua, se dirá que no es sostenible porque no podrá drenar naturalmente el agua hacia los acuíferos subterráneos. 

Si se piensa en fomentar plantas desaladoras, saltarán las ONG (y ya lo están haciendo) a decir que la salmuera que deja el proceso de osmosis inversa contamina el océano.

Si entonces se opta por carreteras hídricas, reclamarán que el agua de una región trae consigo una composición y material vivo que podría influir en los ecosistemas de las zonas que reciben el agua, ¡como si estos ecosistemas no estuvieran ya mucho más dañados por los efectos del cambio climático y la sequía! 

¿Y si desarrollamos variedades vegetales tolerantes a la sequía? Entonces aparecerán los grupos antitransgénicos, diciendo que se trata de una conspiración de Monsanto (empresa que ya ni siquiera existe, pero aún la siguen nombrando para estos efectos). 

Ante tanta oposición de grupos activos en redes sociales, los políticos de uno u otro lado dudarán sobre qué hacer y optarán por no arriesgar soluciones. Así, encargarán estudios, debatirán estérilmente, formarán comisiones y pasarán 4, 8, 12 años más. Mientras, el desierto avanzará más y más y en unas décadas, con suerte habrá tierra apta para cultivar hortalizas y frutas en el sur de Chile. Nos habremos secado por el fanatismo de algunos y la falta de valentía de otros. Aunque una verdad incómoda, es lo que hoy pasa y corremos el riesgo que siga ocurriendo ¿Cómo evitarlo? Por lo pronto, los candidatos presidenciales que partan por hacerse asesorar por las decenas de emprendedores, muchos de ellos jóvenes, que están buscando más y mejores soluciones innovadoras, efectivas y sostenibles a este difícil problema. Y así se comprometan con programas jugados en esta materia y que luego los votantes, y no los grupos de presión, les exijan cumplir.

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