Las Uvas de mesa en Jaque/ Carolina Cruz Vargas, Presidenta de Uvanova

El ajedrez es un juego de táctica y estrategia muy tradicional y que ha encantado desde tiempos inmemorables a entusiastas y aplicados jugadores. El vencedor es aquel que pone en Jaque al rey. Sin embargo, la pieza más poderosa es la “reina”, la que tiene la posibilidad de moverse en todos los sentidos y combinar al resto de las piezas como es el alfil y la torre. 

Haciendo un paralelo, es hora de proteger a la pieza más importante, nuestra industria de la uva de mesa. Una especie con tradición, con legado y con tanto camino recorrido que se ha ganado la posición de rey en nuestro tablero. Hoy en día, son muchas las piezas contrarias que la amenazan. Negras como la sequía que se prolonga por más de 10 años y amenazantes como la escasez de mano de obra.  Si a esto sumamos otros aspectos como la pandemia que afecta al mundo, que ha ralentizado y exigido incorporar nuevos protocolos, las demandas sociales, las altas exigencias en los mercados de destino y una creciente demanda por productos cada vez mas sustentables, son claramente dificultades, pero también grandes desafíos o astutos movimientos que deberemos practicar en nuestro juego.

Es aquí donde “la reina”, la pieza mas versátil e ingeniosa de todas, debe mostrarse en todo su esplendor. En esta metáfora, la reina puede representar a muchos nombres como son tecnología, reingeniería, capacidad de adaptarse e innovar, cooperación etc. Esta reina y su capacidad de gestionar pueden salvar al rey del Jaque mate.

En enero recién pasado, precipitaciones que comprometieron cerca del 65% de las plantaciones de Uva de mesa, en pleno período de cosecha de variedades mas tempranas o en estados fenológicos susceptibles, nos recordaron la fragilidad del sistema, pero también nos forzaron a reaccionar con todo tipo de manejos culturales, a improvisar ante la falta de gente y a utilizar toda la paleta de productos disponibles para frenar el desarrollo de enfermedades.

   Muchas de estas iniciativas lograron buenos resultados y nos dejaron aprendizajes respecto del comportamiento de diferentes estrategias y pudimos constatar la fortaleza o susceptibilidad de las nuevas variedades ante condiciones climáticas adversas.

   Sin embargo, también nos mostro con ofuscación, que se nos habían olvidado jugadas maestras ya aprendidas, experiencias que nos habían dejado en jaque y que no debíamos repetir.  Nuestras uvas deben correr una maratón para llegar bien a los mercados de destino, siempre lejanos.  Por lo tanto, no podemos enviarlas con energía de corto aguante. No debemos exportar fruta con algún grado de problema. Deberemos ser más enfáticos a la hora de decidir que se exportara y que no. En otras palabras, se nos olvido la historia.

   De lo positivo es que confirmamos el gran aporte de una buena ventilación, el contar con racimos sueltos y parrones equilibrados. Indispensable es tener un agudo manejo de post cosecha que incluya una buena gasificación y enfriamiento. Nos recordó la importancia de esperar un tiempo razonable antes de reanudar cosechas y utilizar combinaciones acertadas de productos químicos y naturales para bajar la presión de pudriciones.

Quedamos con grandes tareas por delante: Debemos renovar los esfuerzos para evitar la fumigación en destino que tanto deteriora nuestras uvas, trabajar unidos y por supuesto investigar e incorporar todas aquellas tecnologías que tengamos disponibles para sacar adelante esta industria que tanto orgullo y satisfacciones le ha dado a nuestro país.

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