Día Mundial del Agua / Miguel Ángel Sánchez, PhD, Director Ejecutivo de ChileBio

Este día mundial del agua posiblemente pasará “sin pena ni gloria” en la agenda pública, debido al Coronavirus y todos los trastornos que provoca en Chile y el mundo entero.

No obstante, este 22 de marzo es el día mundial del agua. Del agua que justamente necesitamos para lavarnos las manos, y así disminuir el riesgo de contacto del coronavirus, pero también, y muy especialmente, para producir alimentos para asegurar la vida del ser humano.

Por eso se ha iniciado un debate a nivel de autoridades, expertos y medios, sobre las soluciones y medidas para enfrentar la escasez hídrica, que hoy ataca a nuestro país, tal como lo hace el coronavirus.

Y la Mesa Nacional del Agua, convocada por el presidente de la República, entregó un primer informe donde se esbozan medidas concretas; como la tecnificación del riego, telemetría, un plan nacional de embalses, investigar y gestionar los acuíferos subterráneos y concretar la construcción de plantas desaladoras, entre otras acciones. Sin embargo, tanto este informe como en otras discusiones técnicas, extrañamente se ignora el rol y aporte del mejoramiento genético de las plantas, en este escenario.

El mejoramiento genético vegetal debiese ser una política pública esencial de cualquier Gobierno para enfrentar los desafíos climáticos, agrícolas y nutricionales que aquejan a la sociedad. Lo que muchas veces no se toma en cuenta es que en la agricultura todos los vegetales han sido mejorados genéticamente. Nada de lo que hoy se produce en el campo existiría tal como lo conocemos sin la intervención del ser humano, que va desde la simple selección de mutantes espontáneos (¡sí, mutantes naturales!), pasando por los cruzamientos, la inducción de mutaciones, las poliploidías, la transgenia, y, más recientemente, la edición de genes, entre muchas otras técnicas. Todos los vegetales de interés agrícola han sido desarrollados por el ser humano por alguna herramienta de mejoramiento genético.

En Chile, según datos de la Dirección General de Aguas, del Ministerio de Obras Públicas, la agricultura utiliza el 72% del agua. Por ejemplo, para producir un tomate se necesitan aproximadamente 13 litros de agua, 70 litros para una manzana, 450 litros para medio kilo de maíz, 720 litros para una botella de vino, y 1.700 litros para medio kilo de arroz. Sólo el 12% del agua se destina para agua potable. Sin embargo, las autoridades, aun no echan mano a todas las herramientas disponibles para ahorrar agua en la agricultura.

Mientras tanto, en distintos países el mejoramiento genético es una prioridad. Por ejemplo, en Argentina a través de iniciativas público-privadas, se han desarrollado variedades de soya y trigo tolerantes a la sequía, y en EE.UU. existen maíces comerciales resistentes a la sequía.

En Chile y en el mundo se habla de la importancia del recambio varietal. Pero éste no se logra de otra manera sino a través del mejoramiento genético de las plantas. Prioricemos y facilitemos el desarrollo de estas soluciones en base a ciencia y sin prejuicios, tal como ya lo hacen muchos otros países.

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