
A pocos días de culminar el año y como manda la tradición, comparto mis deseos para el 2025. Si bien las empresas frontan enormes responsabilidades y desafíos, tenemos muchas expectativas del papel que.cumplirá el gobierno, cuya labor debería centrarse en facilitar un entorno que permita hacer negocios, amén de prestar servicios eficientes en salud, seguridad, educación e infraestructura que beneficien a los ciudadanos. En ese objetivo es necesario fomentar un diálogo constructivo con los actores clave de la sociedad.
El Perú en su conjunto y especialmente el Estado, debe enfrentar estos retos de manera integral. En ese sentido, es crucial promover un crecimiento económico sostenible, que incluya a las grandes mayorías, impulse el Producto Bruto Interno (PBI) y pueda crear un ambiente en donde se perciba que los frutos de este crecimiento se distribuyen de manera más amplia entre todos los peruanos.
Antes de la pandemia, Perú registraba tasas de crecimiento destacadas que nos colocaban por encima de otras naciones de la región. El Covid-19 afectó a todos, por lo que el reto se mantiene: Lograr que este progreso llegue a todos los rincones del país, especialmente a las regiones en las cuales el Índice de Competitividad muestra resultados adversos.
Para lograr los niveles de desarrollo de los países de primer mundo, es necesario que el gobierno promueva políticas que posibiliten el fortalecimiento del agro, la pesca y acuicultura, la cadena textil-confecciones, la industria metalmecánica, forestal y farmacéutica, solo por citar algunos.
Hacerlo no solo generará más empleos de calidad y descentralizados, sino que también podremos enfrentar con una mayor resiliencia las fluctuaciones globales de los precios de los commodities, cuyo viento no siempre soplará a nuestro favor.
El diálogo será clave en la implementación de políticas que respondan a las necesidades de cada actividad; sin embargo, el tema central es el mencionado al inicio de esta columna: se requiere mayor seguridad, mejorar el acceso a los servicios básicos e infraestructura y crear un entorno favorable a las inversiones.
Si bien hubo avances importantes en las últimas décadas, el desafío sigue siendo grande, en particular en las zonas rurales, por ello, esperamos que se pongan en marcha políticas sociales más inclusivas, dirigidas a mejorar las condiciones de vida de todos.
Aquí se hace imprescindible una mayor inversión en educación y salud. Además, las políticas laborales deben centrarse en programas de capacitación muy prácticos en coordinación con–las empresas y que permitan a las personas encontrar empleo frápidamente. El Ministerio de Trabajo está avanzando al respecto, esperemos que siga en esa misma ruta.
Un tema crucial es la informalidad, del cual hemos hablado y presentado propuestas concretas. El Estado debe abordar este tema de forma urgente y decidida. No habrá forma de alcanzar un desarrollo aceptable como país si mantenemos los niveles actuales de informalidad que junto con la ilegalidad conforman la llamada ‘economía subterránea’.
Por otro lado, el Estado y la sociedad deben seguir avanzando en la lucha contra la corrupción, que es uno de los principales obstáculos que frena el desarrollo. La implementación de medidas más estrictas de transparencia y rendición de cuentas permitirá generar confianza en las instituciones y atraer inversiones nacionales y extranjeras.
En resumen, el 2025 se perfila como un año crucial en el que el gobierno tendrá una gran oportunidad para lograr un mayor crecimiento económico, reducir la pobreza, mejorar las oportunidades y fortalecer el diálogo constructivo. Si se gestionan adecuadamente los recursos y se fomenta la cooperación entre todos los sectores de la sociedad, podremos avanzar hacia un futuro con el que todos soñamos. Por el bien de los 34 millones de peruanos, que sea así.

